El lago helado: Un refugio en la intemperie

por José Luis Visconti *

Marginal en su origen geográfico –editado por una pequeña editorial de La Plata-, el libro de Gustavo Fontan y Gloria Peirano se presenta a sí mismo como un objeto extraño, inclasificable, que entra en relación directa con toda la obra de Fontán. Pero éste no se queda en su pasado y se plantea como antecedente de una obra en pleno proceso de construcción.

EL LAGO HELADO, Gloria Peirano y Gustavo Fontán. Editorial Papel Cosido, Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. La Plata, 2018

Fontán filmó entre 2014 y 2016, lo que llamó la “Trilogía del Lago Helado”, compuesta por “Sol en un patio vacío”, “Lluvias” y “El estanque” y que desde hace unos meses viene circulando por el circuito de festivales. Pero el libro no es la transcripción del guión, ni una explicación de las motivaciones que llevaron a las películas, sino que su cuerpo principal está compuesto de una suerte de diario, de un grupo de anotaciones que el director fue llevando durante los rodajes. Pensamientos que van de lo puramente cinematográfico a lo ocasional (la lluvia, el encuentro con una vecina, el acompañamiento a su padre en el hospital) y que se van enhebrando a partir de la mirada, de la luz, de los espacios.

El lago helado aparece en la mirada de Fontán como la representación de esa grieta que preanuncia una tragedia que nadie advierte hasta que resulta demasiado tarde. Pero en todo caso, el lago y la grieta son elementos que le permiten ligar el texto original del que parte –el “Manual para sonámbulos” de Peirano, que cierra el volumen- con las imágenes registradas. En algún momento, el propio Fontán lo hace explícito: lo que busca es “una película que hable como los sonámbulos, un continuo nocturno y ciego que nadie sabe bien qué es”.

Si todo ello no resulta lo suficientemente extraño para la habitualidad del cine argentino, allí aparece el Fontán que espera “que la lluvia coloque al espectador en una especie de sensación de intemperie”. El que se pregunta si es posible filmar un movimiento del espíritu o el que señala que “grabo solo imágenes que tiemblan”. Si el cine de Fontán se asienta en los sentidos ligados a la sucesión de imágenes, también se sostiene en la importancia de la luz. Lo notable es que la luz para Fontán, no apunta a lo sublime, “sino a la piel gastada (…) las cosas intrascendentes y los cuerpos, las energías de los cuerpos (…) no lo sublime, sino el riesgo y el naufragio”.

El cine de Fontán no es difícil, sino exigente. No es experimental, sino asentado en las sensaciones (basta recordar el momento de “El limonero real” en que el protagonista se sumerge en un arroyo). Sus textos funcionan como recorridos posibles, que se entroncan con los dos ensayos sobre la trilogía que abren el libro y en los que Eduardo Russo y Roger Koza se sumergen en la obra, no para intentar explicarla, sino para establecer caminos para acercarse a ella.

El libro de Fontán y Peirano es extraño no porque provenga de zonas no habituales, sino por su intento de alumbrar zonas poco transitadas del pensamiento alrededor del cine. No es poca cosa en tiempos donde el mercado editorial intenta imponer, una escritura pop sobre el cine por sobre cualquier asomo de profundidad.


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José Luis Visconti(La Plata, 1968) es Periodista y Licenciado en Comunicación Social. Ha editado en poesía “Animales/agua” (Montevideo, 2009), “Más rojo era tu nombre” (Buenos Aires, 2010), “Río arriba” (La Plata, 2011), “Flora y fauna” (Buenos Aires, 2014) y “Discreta/Pueblo y ceniza” (Buenos Aires, 2018). Ha escrito dos libros de ensayo: “La senda tenebrosa-Una aproximación a la imagen de la mujer en el cine argentino 1990-2007” (2009, Tercer Premio del Fondo de Fomento Literario del Fondo Nacional de las Artes) y “El peligro está en los vivos-Representaciones y omisiones en el cine argentino 1976-1983” (2015). Actualmente, escribe para Semanario de Junín y realiza crítica de cine para el sitio de internet Hacerse la Crítica.